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Etiquetado legal: qué debe llevar tu jabón por ley

La normativa de tu país, en claroCuánto cobrar sin regalar tu trabajoLee un INCI sin volverte loca

Un solo verbo en la etiqueta, «cura», convierte tu jabón en un producto que necesita registro sanitario, evaluaciones y un expediente. Y lo escribes gratis, en dos segundos, pensando que así vendes mejor. Te lo digo por experiencia: mi primera etiqueta llevaba tres palabras que hoy no me atrevería a imprimir.

Mientras haces jabón para regalar, no hay etiqueta que valga: es una manualidad y todo el mundo lo sabe. En cuanto cobras un peso, ese mismo jabón pasa a ser un cosmético y la ley te mira distinto. Y lo primero que mira es la etiqueta.

Hay ocho datos obligatorios y te los doy uno a uno. Pero hay uno que casi nadie pone bien y es el único que te salva si un cliente reclama. Te cuento cómo montarlo en un momento.

Índice

🧼 Los ocho datos que no pueden faltar

Da igual si es de glicerina o saponificado en frío: si lo vendes, la etiqueta lleva ocho campos. Ninguno es opcional y ninguno se sustituye por un dibujo bonito.

  1. Nombre del producto y función. «Jabón de avena y miel. Limpia la piel». La función es «limpia», no «trata».
  2. Contenido nominal en gramos. El peso al envasar, con la «g» al lado: 100 g. Sin «aprox.» ni «unos 100».
  3. Lista de ingredientes en INCI. De mayor a menor cantidad, con su nombre internacional. Si no sabes cómo se escribe, cómo leer un INCI sin perderse te lo desmonta.
  4. Número de lote. El código que une ese jabón con tu libreta. Lo vemos en detalle abajo.
  5. Fecha de caducidad o PAO. Una fecha de «consumir antes de», o el símbolo del tarrito abierto con los meses que aguanta ya abierto: 12M.
  6. Nombre y dirección del responsable. Tú, o tu marca, con una dirección postal real donde se te pueda escribir.
  7. País de origen, cuando el jabón se vende fuera del país donde lo hiciste.
  8. Advertencias de uso. «Uso externo», «evitar el contacto con los ojos», «suspender si aparece irritación».

Fíjate en el punto seis. Cuando vendes, tú eres la responsable del producto y de lo que provoque en la piel de otro. Por eso la dirección no es un adorno: es donde llegan las reclamaciones.

El lote: el dato que casi nadie pone bien

Un lote sirve para una sola cosa: que si un jabón sale mal, sepas qué tanda fue, qué aceite usaste y qué otras pastillas salieron de esa misma olla. Si el código no te lleva a tu libreta, no es un lote, es decoración.

El formato que uso desde hace seis años es fecha más tanda. Año, mes y día en seis cifras, un guion y la letra de la tanda de ese día. Así de simple, así de rastreable.

Así se lee el lote 260910-B

Es la segunda tanda que hice el 10 de septiembre de 2026. En mi libreta, esa página dice: receta, marca y lote del aceite de oliva, gramos de sosa, temperatura de mezcla y cuántas pastillas salieron. Cuarenta pastillas, un mismo código. Si una reclama, sé dónde están las otras treinta y nueve.

Una regla: el lote se escribe el día que haces la tanda, no el día que etiquetas. Semanas después ya no te acuerdas, y con el curado de por medio pasan de cuatro a seis semanas. En curado y pH: cuándo está listo de verdad ves por qué esa espera manda.

⚖️ Jabón que limpia o cosmético que promete

Un cosmético, por definición, es un producto que se aplica sobre la piel humana para limpiarla, perfumarla o cuidar su aspecto. Tu jabón entra ahí mientras solo limpie. El problema empieza cuando la etiqueta dice que hace algo más.

«Cura el acné» y ya no es un jabón

En el momento en que escribes «cura», «trata», «elimina la caspa» o «calma la dermatitis», estás describiendo un producto con función terapéutica. Y eso, a ojos de la ley, es otra categoría: registro, evaluaciones y un expediente que un jabón de tocador no necesita.

Lo mismo pasa con lo antiparasitario. Un jabón «antipulgas» para perros no es un jabón: es un biocida, y en México, por ejemplo, Cofepris lo trata como producto veterinario con registro. En jabón para mascotas: pH y sobreengrasado tienes las reglas de esa línea aparte.

La frase que sí puedes escribir es corta: «limpia la piel». Si tu jabón de sábila le va bien a alguien con granitos, que lo cuente el cliente en una reseña. Tú no lo prometes. Un jabón limpia; puede acompañar un tratamiento, nunca sustituirlo.

Las cuatro palabras que te conviene tachar

Error común

«Natural, orgánico e hipoalergénico» en la misma línea

«Natural» sin poder demostrar de dónde sale cada ingrediente, «orgánico» sin certificado de una entidad que lo avale, «terapéutico» sin registro sanitario e «hipoalergénico» sin pruebas de laboratorio. Cada una es una promesa, y una promesa sin papel detrás es una reclamación esperando cliente.

¿Y qué pones entonces? Lo que sí es verdad y puedes sostener: «hecho a mano en tandas pequeñas», «con aceite de oliva», «sin colorantes», «sin perfume». Cosas que se ven en el INCI. Si además lo haces sin conservante, en ¿hace falta conservante en tu jabón? ves cuándo puedes decirlo.

Cuando la etiqueta es más pequeña que el jabón

Aquí es donde casi todo el mundo la caga: mete los ocho campos en una faja de tres centímetros y la letra queda tan diminuta que no la lee ni quien la imprimió. Una etiqueta ilegible es, a efectos prácticos, una etiqueta que no existe.

El tamaño mínimo de letra lo fija la norma de cada país, y varía. Mi regla de taller, mientras consultas la tuya: si a 30 centímetros no la lees sin forzar la vista, es pequeña. El INCI, con veinte nombres en latín, es lo primero que se vuelve ilegible.


Etiqueta desplegable o cartel en el mostradorCuando el envase no da para todo, la solución no es encoger la letra: es una etiqueta desplegable (un pliego pegado que se abre) o un cartel visible en el punto de venta con el INCI completo de cada jabón. En feria, una hoja plastificada junto a la cesta cumple ese papel; en la faja dejas nombre, gramos, lote y marca.

Y una cosa más: la etiqueta va en el envase, no en la caja de regalo. Si el jabón sale de la caja, la información sale con él. Cómo se diseña esa faja sin perder ningún campo lo ves en empaque, etiqueta y precio para vender.

🌿 Una etiqueta de ejemplo, campo por campo

Esta es la de mi jabón de avena y miel, tal como sale del taller. Cámbiala por la tuya campo por campo, sin saltarte ninguno.

Campo Qué pone en la etiqueta
Nombre y función Jabón de avena y miel. Limpia la piel.
Contenido nominal 100 g
Ingredientes (INCI) Sodium Olivate, Sodium Cocoate, Aqua, Glycerin, Avena Sativa Kernel Flour, Mel, Butyrospermum Parkii Butter
Lote 260910-B
Duración Símbolo del tarrito abierto: 12M
Responsable Marisol Vera Jabones · Carrera 45 #33-20, Medellín, Colombia
País de origen Hecho en Colombia
Advertencias Uso externo. Evitar el contacto con los ojos. Suspender su uso si aparece irritación.

Los gramos se pesan al etiquetar, no al cortar

Un jabón saponificado pierde agua durante el curado. Si cortas pastillas de 110 gramos y escribes «110 g», seis semanas después pesan menos y tu etiqueta miente. Pesa el día que etiquetas y escribe ese número redondeado hacia abajo. Yo corto a 115 y etiqueto 100.

La norma cambia de país, la lógica no

En Europa manda el reglamento 1223/2009, que exige que todo cosmético sea seguro y trazable. En México, Cofepris. Y los jabones para mascotas ni siquiera son cosméticos: en España se etiquetan por el reglamento CLP 1272/2008, porque la ley cosmética solo cubre piel humana.

Por eso este artículo te da la estructura, no el texto legal de tu país. Los ocho campos se repiten casi en todas partes; cambian el tamaño de letra, el idioma obligatorio y dónde registras la marca. En normativa cosmética por país, la que te toca está el detalle de cada uno.

Me costó un susto aprenderlo: la etiqueta perfecta no te protege si el lote no existe en ninguna libreta. Etiqueta y registro van juntos, y ese registro son las buenas prácticas de fabricación que ves en buenas prácticas de fabricación en casa.

Ya tienes los ocho campos, el lote y las palabras prohibidas, jabonera. Lo que falta es ponerle precio a eso que ahora sí puedes vender sin miedo, y en cómo poner precio con la cuenta hecha se hace número a número.

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La normativa de tu país, en claroCuánto cobrar sin regalar tu trabajo
Marisol Vera, autora del curso de jabones artesanales

Marisol Vera

Empece a hacer jabones en la cocina de mi casa, en Medellin, con una olla vieja y una gramera de reposteria. Trabajaba en una farmacia y no aguantaba mas. Hoy vivo de esto y llevo ocho anos ensenando a otras personas a hacer lo mismo. Aqui te cuento todo lo que a mi nadie me conto: las medidas exactas, los errores que me costaron tandas enteras y la parte que casi nadie explica, que es como vender lo que haces sin regalarlo. Si algo no te sale, escribeme en los comentarios: a mi tambien se me han separado las capas.

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