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Clase 20. Empaque, etiqueta y precio: de hobby a negocio

Las 6 cosas que no debes comprarQue huela igual tres meses despuésEmpieza el curso desde la clase 1

Mis primeros 40 jabones los vendí a lo que me costó la base. Ni un peso más. Tardé tres meses en darme cuenta de que estaba pagando por trabajar. Esta clase existe para que tú no pierdas esos tres meses.

Es la última del curso. Hoy toca lo que pasa después de que el jabón está listo: envolverlo, etiquetarlo, ponerle precio y sacarlo de tu casa. Y hay un número que casi nadie mete en el precio. Te lo cuento cuando lleguemos al cálculo.

Índice

Un jabón desnudo pierde el aroma antes de venderse

Te pasaste una clase entera anclando el aroma para que durara meses. Si dejas la pastilla al aire en una cesta, ese trabajo se evapora, literalmente. El envoltorio hace tres cosas: para el polvo, evita que se marque con el roce de las otras pastillas y, sobre todo, encierra el olor hasta que el cliente lo abre.

Regla previa que no se salta: envuelves con el jabón completamente frío. Si es de glicerina, frío de verdad, no tibio del centro. Si es de saponificación, después de sus 4 semanas de curado, nunca antes: un jabón encerrado en film a la semana de hecho no termina de secar y llega al cliente blando.

A mí se me fueron así los primeros 20: envueltos tibios, y a los dos días el film flojo y con gotitas por dentro. Parecían jabones sudados. Lo eran.

La técnica de la equis

Se envuelve en film transparente, el de la cocina. Lo que cambia todo es cómo lo tensas. Esto no me lo contó nadie: lo aprendí destrozando medio rollo.

  1. Trabaja sobre vidrio. El film se adhiere al cristal y no se mueve mientras tiras. Sirve el vidrio de un marco viejo: lo vas a rayar con el cúter.
  2. Pega el film al vidrio y estíralo. Sin arrugas ni burbujas antes de poner nada encima.
  3. Coloca el jabón boca abajo. La cara bonita contra el film; los pliegues del cierre quedan atrás.
  4. Corta con cúter dejando margen. Que sobre film para subir por los cuatro lados y cruzar. No hace falta un corte perfecto; hace falta que sobre.
  5. Tira de las esquinas en diagonal. Una esquina, la opuesta, y luego las otras dos: una equis. Cada tirón bien tenso.
  6. Dale la vuelta y revisa. Si ves una burbuja, levanta esa esquina y vuelve a tirar. Un punto de cinta atrás y listo.

Bien hecho, parece que el jabón no lleva plástico. Si se ve arrugado o con aire, no tiraste lo suficiente.

El truco que me ahorró tandas

Si el plástico te pesa en la conciencia, hoy existe film biodegradable que se trabaja igual. El papel encerado también protege, aunque sella peor el aroma. Y el papel kraft con una faja alrededor queda precioso, pero solo no basta: yo lo pongo encima del film, no en su lugar. Bonito por fuera, hermético por dentro.

La etiqueta no es decoración, es información

Un jabón sin etiqueta es un jabón anónimo, y anónimo no se vende dos veces. Pero además la etiqueta es obligatoria, y tiene que llevar como mínimo esto:

Nombre del producto. Lista de ingredientes. Peso (los 100 g, o los que sean). Fecha de elaboración o número de lote. Tus datos como fabricante. Y el modo de conservación: en seco, fuera del chorro de la ducha entre usos.

Los ingredientes avisan a quien es alérgico a la lavanda o a la almendra. El lote te dice qué tanda fue si alguien se queja. Y ponla recta: un corte limpio y un acabado cuidado se van al suelo con una etiqueta torcida. Te lo digo por experiencia.

Cuánto cobras: el método que sí funciona

Aquí es donde casi todo el mundo la caga, y yo la primera. El error es mirar el precio del kilo de base y decidir «pues lo vendo a tanto». No. Se calcula barra por barra, ingrediente por ingrediente, con una regla de tres desde el precio del envase que compraste.

Vamos con una barra de 100 g de glicerina. Uso cifras redondas para que se vea el método; tú metes las de tu ticket.

La base: si el kilo cuesta 70, los 100 g cuestan 7,00. El aceite esencial: el frasco de 30 ml cuesta 150, así que cada mililitro sale a 5. Un mililitro son unas 30 gotas; usaste 10 gotas, es decir, 0,33 ml, que cuestan 1,67. Si le pusiste gel de sábila, colorante o arcilla, cada uno va en su línea con la misma regla de tres.

Concepto (barra de 100 g) Cálculo Coste
Base de glicerina, 100 g 70 el kilo ÷ 10 7,00
Aceite esencial, 10 gotas (0,33 ml) 150 ÷ 30 ml × 0,33 1,67
Film y cinta rollo ÷ jabones que envuelve 0,50
Etiqueta precio de la hoja ÷ etiquetas por hoja 0,80
Coste real de la barra suma 9,97
Precio de venta 9,97 × 3 29,91 → 30

Y ahí está el número prometido: multiplicas por 3. Una parte cubre la materia prima, otra lo que se rompe y se pierde, y la tercera cubre tus manos. Alguien pesó, fundió, desmoldó y envolvió ese jabón esquina por esquina. Ese alguien cobra.

La medida exacta

Sumar solo los ingredientes y vender «un poquito por encima». Así vendí yo tres meses: la barra a 12 cuando me costaba 10, y la hora de trabajo la regalaba. Cuando tengas volumen puedes afinar: sumar un 5% de luz y agua, ponerte un sueldo por hora y multiplicar por 2. Para empezar, el ×3 no falla.

Anótalo en tu libreta, en la misma página de la fórmula: ingredientes, gramos y lo que costó cada línea. El cálculo se hace una sola vez por receta y solo lo revisas cuando sube la base o el aceite esencial. Si entre un jabón y otro la diferencia es pequeña, pon un precio único a toda tu línea.

«Es artesanal» no te libra de la ley

Lo digo sin dramas, porque a mí me lo contaron como una amenaza y no lo es. Un jabón, hecho como sea, es legalmente un producto cosmético. En España, México, Colombia, Argentina, Chile y Estados Unidos. En Europa lo regula el Reglamento 1223/2009; cada país tiene el suyo.

Mientras regalas jabones estás en un hobby. En el momento en que cobras, eres la responsable de un producto que va a la piel de otra persona. Y eso, según tu país, implica tres cosas: una evaluación de seguridad de tu fórmula, un registro del producto o de tu marca, y fabricar siguiendo buenas prácticas, normalmente en un espacio dedicado, no en la cocina donde haces el arroz.

Esto no se negocia

Que nadie te venda que «como es artesanal se puede vender sin más». No es verdad en ningún país. Antes de cobrar tu primer jabón, busca la normativa cosmética de donde vives y averigua qué te piden. Es un trámite, y te protege: si algo sale mal, tienes papeles que demuestran que hiciste las cosas bien.

Tu primer cliente ya lo conoces

No fabriques veinte jabones distintos. Fabrica uno o dos y domínalos hasta que te salgan iguales cada vez. La primera receta que hiciste en este curso, la receta paso a paso de zanahoria y manzanilla, es un producto perfectamente vendible si la clavas diez veces seguidas.

¿Cuál eliges? Mira a la gente que ya tienes cerca y busca una necesidad concreta. Si tu hijo tiene 15 años y sus amigos andan con la piel grasa, un jabón de arcilla o de carbón tiene ahí diez clientes antes de existir. No vendes una pastilla: vendes un beneficio. Eso sí, el jabón limpia; no cura nada, y en la etiqueta tampoco lo prometas.

Luego, fotos. Luz natural de ventana, fondo limpio, tres jabones bien colocados. Súbelas a tus redes con el precio puesto. Si lo has probado en tu propia piel y sabes lo que lleva, no tienes que pedir permiso a nadie para ofrecerlo.

Lo que ya sabes hacer, y lo que te queda

Empezaste sin saber qué era de verdad un jabón artesanal. Hoy sabes fundir una base, calcular la sosa, ver la traza, curar, medir el pH, cortar, anclar un aroma y arreglar una tanda torcida. Y sabes ponerle precio. Eso no lo sabe casi nadie que compra un jabón bonito en una feria.

Te queda lo que me quedaba a mí a los ocho meses: recetas nuevas, técnicas que no caben en un curso y el negocio, que es otro oficio. El kit mínimo que necesitas de báscula, olla y molde se recupera con las primeras 20 barras vendidas al precio correcto.

Mi último consejo: vuelve al índice del curso y repite la clase que peor te salió. No la que más te gustó. La que te dejó un jabón feo. Ese es el que te va a enseñar.

Nos vemos en la próxima tanda, jabonera.

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Marisol Vera

Empece a hacer jabones en la cocina de mi casa, en Medellin, con una olla vieja y una gramera de reposteria. Trabajaba en una farmacia y no aguantaba mas. Hoy vivo de esto y llevo ocho anos ensenando a otras personas a hacer lo mismo. Aqui te cuento todo lo que a mi nadie me conto: las medidas exactas, los errores que me costaron tandas enteras y la parte que casi nadie explica, que es como vender lo que haces sin regalarlo. Si algo no te sale, escribeme en los comentarios: a mi tambien se me han separado las capas.

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