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Clase 12. Saponificación en frío paso a paso: tu primera tanda de verdad

Reconoce la traza antes de que sea tardeLa sosa no muerde si haces estoCuándo se puede usar de verdad

Tiré mi primera tanda de jabón en frío entera: un kilo de aceite de oliva, 24 horas de espera y, al desmoldar, una capa de aceite flotando sobre un bloque blanco y quebradizo. La receta estaba bien. Lo que fallé fue mezclar la lejía a casi 60 grados con los aceites a temperatura de cocina. Hay un paso en este método que casi todo el mundo se salta, y te lo enseño más abajo con cifras.

Índice

«En frío» no quiere decir que no queme

Hasta ahora partías de una base ya fabricada. Aquí haces el jabón desde cero: los ácidos grasos de los aceites reaccionan con la sosa y se convierten en jabón y glicerina.

Se llama «en frío» porque no le pones calor externo. Ni olla al fuego ni baño maría. La reacción avanza con el calor que genera la propia mezcla, primero en el bol y después dentro del molde, durante semanas. Pero la lejía recién hecha se calienta muchísimo en menos de un minuto. Frío es el método, no el jabón.

Cuatro ingredientes y tres no admiten sustitutos alegres

Aceites o grasas vegetales. Oliva, coco, palma, ricino. El coco da limpieza y espuma pero reseca si te pasas; el oliva da suavidad y una pastilla más dura de lo que la gente cree. Si aún dudas sobre qué aporta cada grasa a tu jabón, repásalo antes de comprar.

Sosa cáustica con una pureza del 98 o 99 %. Lo pone detrás del bote.

Agua destilada. No del grifo; desmineralizada o desionizada también valen. La del grifo trae calcio y magnesio que estropean la espuma. Sé que has visto jabones de leche o de infusión de caléndula: se pueden hacer, tienen sus reglas de temperatura, y no son para tu primera tanda. La leche, cuando lleves tres tandas limpias.

Aditivos opcionales: aceites esenciales, arcillas, exfoliantes, color. Entran al final, y ya verás por qué.

Esto no se negocia

Guantes de nitrilo, gafas de protección, manga larga, mascarilla, calzado cerrado y la ventana abierta o el extractor encendido. Todo puesto ANTES de abrir el bote de sosa, no cuando ya está pesada. La sosa quema la piel al contacto y, al disolverse, suelta vapores corrosivos. Si te saltaste la clase de seguridad con la sosa, vuelve ahí antes de seguir.

La báscula decide antes que tú

Aquí no hay margen. La sosa se calcula sobre el peso exacto de los aceites, gramo a gramo, con el índice de saponificación de cada uno. Cinco gramos de sosa de más no se notan en la báscula y sí en la piel. Por eso la fórmula se cierra antes, calculando la sosa con el índice de saponificación, y en la cocina solo se pesa lo que ya está decidido.

Necesitas una báscula que pese de gramo en gramo; para los aceites esenciales yo uso una de joyero que pesa décimas. Tara a cero, cada ingrediente en su recipiente, cada recipiente pesado por separado. Anótalo en tu libreta.

La sosa sobre el agua. Siempre. Nunca al revés.

Pesa el agua en una jarra de plástico de alta densidad, vidrio refractario o acero inoxidable. Pesa la sosa en otro recipiente. Las perlas se apelmazan en cuanto las dejas al aire porque absorben humedad: pésala y úsala, no la dejes esperando.

Vierte la sosa sobre el agua, toda de una vez, despacio y sin salpicar. Al revés la reacción es violenta y salta. Remueve con una espátula de silicona o plástico. La cuchara de palo de la abuela no: la sosa se la va comiendo y luego encuentras astillas dentro del jabón.

La mezcla se calienta sola y suelta vapor. Cara apartada, brazo estirado. Al principio queda lechosa; hasta que no se vuelve transparente no está lista. Déjala enfriar.

El truco que me ahorró tandas

Pesa el agua destilada y métela en la nevera antes de empezar. Con agua helada la lejía sube menos de temperatura y baja mucho más rápido a los 30-35 grados de trabajo. Me ahorro veinte minutos de espera por tanda y, sobre todo, la tentación de mezclar antes de tiempo.

Los aceites se funden, y aquí llega el paso que todo el mundo se salta

Mientras la lejía se enfría, pesa los aceites. Si llevas mantecas o coco, fúndelos a fuego suave hasta que estén líquidos del todo. Y ahora el paso de mi primer desastre: igualar temperaturas. Lejía y aceites tienen que estar cerca antes de juntarlos. El método funciona entre 27 y 60 grados; cuanto más alta la temperatura, más rápido llega la traza. Para tu primera tanda quédate en 30-35 grados, que te da tiempo a reaccionar.

Lo que marca el termómetro Qué hacer
Lejía a 39 °C, aceites a 34 °C Se puede mezclar. Cinco grados no rompen nada.
Lejía a 58 °C, aceites a 22 °C Esperar. Así se me separaron las capas.
Sin termómetro Dejar los dos recipientes 1 o 2 horas hasta temperatura ambiente. A 22 grados también saponifica.

Batir hasta que deje rastro

  1. Vierte la lejía sobre los aceites. Despacio, por el borde de la jarra, sin salpicar.
  2. Mete la batidora de mano. Pie de acero inoxidable o plástico, nunca aluminio.
  3. Bate a pulsos. Diez segundos encendida, diez removiendo apagada. La mezcla pasa de líquido a mayonesa y luego a un puré de papas espeso.
  4. Busca el rastro. Deja caer un hilo de masa: si queda dibujado en la superficie unos segundos, es la traza. Si ves hilos de aceite brillante, sigue batiendo.

Ese momento en que la masa se emulsiona y deja rastro es la traza, y reconocer la traza antes de que sea tarde tiene clase propia, porque hay traza ligera, media y una que ya no perdona. En tu primera tanda, en cuanto deje rastro, paras.

Y ahora, solo ahora, entran los aditivos: aceites esenciales al 1-2 % del peso del jabón (en 500 gramos, de 5 a 10 gramos), arcillas, exfoliantes, color. Se mezclan con la espátula, no con la batidora.

La medida exacta

Las fragancias y muchos aceites esenciales aceleran la traza. Si los echas en traza media, en veinte segundos tienes un bloque que no entra por la boca del molde. A mí me pasó con aceite de clavo: la masa se quedó pegada a la batidora como cemento. Se añaden en traza ligera, a mano, con el molde ya al lado.

Al molde, tapado, y las manos quietas 48 horas

Vierte la masa en el molde y golpéalo dos veces contra la mesa para sacar burbujas. Tapa con un cartón y una manta encima. Esa tapa conserva el calor de la reacción y el jabón pasa por la fase de gel, que ordena las moléculas y mejora la espuma.

Los utensilios no los laves ahora: ahí solo hay un 27-30 % de jabón, el resto es aceite con sosa. Espera 24-48 horas antes de desmoldar. Un jabón de oliva con descuento de agua sale duro a las 19 horas; uno con aceites blandos en molde de silicona necesita un día más, porque los bordes se quedan como plastilina. En moldes, desmoldado y corte limpio tienes cuándo cortar sin aplastar las esquinas.

Cuatro semanas: no está listo cuando parece jabón

Cortado no es terminado. La saponificación sigue dentro de la pastilla y el agua sobrante tiene que evaporarse. Pastillas separadas, en sitio seco y ventilado, 4 semanas como mínimo. Antes de usarlo, mide el pH: por debajo de 9 ya se puede tocar, y lo ideal es 8. Cómo medirlo lo ves en curado y pH: cuándo está listo de verdad.

Los cuatro errores que más tandas me han costado: pesar mal, mezclar con temperaturas dispares, aditivos que aceleran la traza sin el molde a mano, y usar el jabón a la semana porque «ya está duro». Ninguno se nota al verter. Todos se notan al usarlo.

¿Y el aceite de freír?

Se puede. Es el jabón de la abuela: aceite usado, agua y sosa; una receta real lleva 726 gramos de aceite, 150 de agua y 110 de sosa. Déjalo reposar unas semanas para que sedimenten los restos de fritura y fíltralo por una tela o un calcetín viejo hasta que salga limpio. El aceite de las latas de atún o anchoas no, salvo que quieras jabón con olor a pescado.

Ese jabón va a lavar ropa, cacerolas y suelos, no tu cara: sale con un pH cerca de 10 y a las dos semanas ya sirve para la ropa. Un litro de aceite por el fregadero contamina unos 40.000 litros de agua: es la mejor tanda de práctica antes de gastarte el oliva bueno.

Tu primera tanda de verdad ya está en el molde. Lo que decide si sale sedosa o con hilos de aceite es un segundo exacto de batidora, y ese segundo tiene nombre. En la próxima clase aprendes a ver la traza antes de que sea tarde.

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Marisol Vera

Empece a hacer jabones en la cocina de mi casa, en Medellin, con una olla vieja y una gramera de reposteria. Trabajaba en una farmacia y no aguantaba mas. Hoy vivo de esto y llevo ocho anos ensenando a otras personas a hacer lo mismo. Aqui te cuento todo lo que a mi nadie me conto: las medidas exactas, los errores que me costaron tandas enteras y la parte que casi nadie explica, que es como vender lo que haces sin regalarlo. Si algo no te sale, escribeme en los comentarios: a mi tambien se me han separado las capas.

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