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Clase 11. Formular sin morir en el intento: el índice de saponificación

Tu primera tanda en frío, paso a pasoQué le hace cada aceite a tu jabónCuándo se puede usar de verdad

Mi tercera tanda de jabón en frío se deshizo en la ducha en cuatro días. Blanda, grasienta, con olor a aceite viejo. No fue la técnica ni el molde. Fue que cambié el aceite de coco por oliva «porque era lo que tenía» y dejé la misma sosa. Ese error me costó 900 gramos de aceite.

Esta es la clase más técnica del curso. Y la más liberadora, porque cuando la entiendes dejas de copiar recetas y empiezas a diseñar las tuyas. Hay un número, además, que le quita el miedo a la sosa a casi todo el mundo. Te lo cuento más abajo.

Índice

Cada aceite pide su propia ración de sosa

El índice de saponificación es la cantidad exacta de sosa que necesita cada aceite para convertirse en jabón. No es un número general. El coco tiene el suyo, la oliva el suyo, la manteca de karité el suyo, y no coinciden.

Por eso una fórmula en frío no se toca a ojo. Si cambias un aceite, cambia la sosa. Si subes el coco del 15% al 25%, cambia la sosa. Esto no funciona como la glicerina, donde aplicas la regla del 10% de aditivo y la base aguanta sin protestar. Aquí fabricas el jabón desde cero, y la química no negocia.

Ya viste qué aporta cada grasa a tu jabón: dureza, espuma, suavidad. Hoy toca la otra mitad: cuánta sosa exige cada una de esas grasas.

Pasarse y quedarse corto: los dos jabones que nadie quiere

Si pones más sosa de la que tus aceites pueden consumir, la sosa sobrante no desaparece: se queda en la pastilla. Resultado: un jabón cáustico, agresivo, que deja la piel tirante y puede irritarla. Ese jabón no se regala ni se vende. Se tira.

Si pones menos sosa, quedan aceites sin convertir. El jabón sale blando, graso al tacto, se deshace en la jabonera y se pone rancio antes de tiempo. Justo lo que me pasó a mí con la oliva.

Esto no se negocia

La sosa se calcula sobre el peso real de los aceites. Si pesas «más o menos», el cálculo entero es mentira. Báscula de precisión de 1 gramo, siempre. Y todo el equipo de protección de la clase de seguridad con la sosa: guantes, gafas, manga larga, ventana abierta.

El número que te quita el miedo: el sobreengrasado

Aquí está lo que te prometí. Se llama sobreengrasado, o descuento de sosa, y es el concepto que más tranquiliza a un principiante. Consiste en dejar a propósito una parte de los aceites sin saponificar: pones un poco menos de sosa de la que consumiría el 100% de las grasas.

Lo habitual es un sobreengrasado entre el 5% y el 8%. Eso significa que entre 5 y 8 de cada 100 gramos de aceite se quedan como aceite dentro de la pastilla, cuidando la piel en vez de limpiarla. Hay jaboneras que suben al 9% o al 12% para piel muy seca, pero para empezar quédate en ese rango.

Y hace dos cosas a la vez. Primero, el jabón sale más suave. Segundo, y esto es lo importante: es tu margen de seguridad. Si tu báscula se desvía 3 gramos, ese colchón de grasa libre absorbe el error y evita que sobre sosa. Con un 5% de sobreengrasado, una tanda bien pesada no sale cáustica. Anótalo en tu libreta.

La calculadora hace las cuentas, tú tomas las decisiones

La sosa se puede calcular a mano, aceite por aceite. Se puede, pero yo llevo ocho años y sigo usando calculadora, igual que todas las jaboneras que conozco. Un decimal mal puesto a mano te arruina una tanda; la calculadora no se equivoca en la multiplicación.

Hay varias gratuitas. La más usada en español es Mendrulandia. Todas siguen el mismo flujo:

  1. Eliges los aceites y sus porcentajes. De la lista de la calculadora, uno a uno. Tienen que sumar 100%.
  2. Defines el peso total de la tanda. En gramos de aceites: 500 g, 1000 g, lo que quepa en tu molde.
  3. Indicas el sobreengrasado. Escribes 5, 6, 7 u 8. Ella descuenta la sosa que corresponde.
  4. Indicas la concentración de la lejía. La proporción de sosa y agua en la disolución. Trae un valor por defecto; en tus primeras tandas no lo toques.
  5. Lees el resultado. Gramos exactos de sosa, de agua y de cada aceite. Eso es tu fórmula: se copia a la libreta tal cual.

La calculadora te da además valores orientativos de dureza, espuma y limpieza. Cuando todos están cerca de 50, suele ser un jabón equilibrado. Con eso te basta por ahora.

De porcentajes a gramos: la regla de tres que vas a usar siempre

Las fórmulas serias se escriben en porcentajes, no en gramos. Así haces la misma receta con 250 g de aceites para probar o con 1000 g para vender. Para pasar de una cosa a la otra sirve una regla de tres. Esto no me lo contó nadie: lo aprendí en el reverso de una caja de aspirinas.

La regla: gramos del aceite = peso total de aceites × porcentaje ÷ 100. Ejemplo con 1000 g de aceites y esta fórmula: oliva 60%, coco 20%, aguacate 15%, almendras dulces 5%.

Aceite Porcentaje Cuenta Gramos
Oliva 60% 1000 × 60 ÷ 100 600 g
Coco 20% 1000 × 20 ÷ 100 200 g
Aguacate 15% 1000 × 15 ÷ 100 150 g
Almendras dulces 5% 1000 × 5 ÷ 100 50 g
Total 100% 1000 g

Comprobación obligatoria: 600 + 200 + 150 + 50 = 1000. Si no cuadra, un porcentaje está mal copiado. ¿Media tanda? Cambias el 1000 por 500 y repites las cuatro cuentas: 300, 100, 75 y 25 gramos. Los porcentajes no se mueven; solo el peso total.

Error común

Aquí es donde falla casi todo el mundo

La sosa y el agua NO se sacan con esta regla de tres. Los porcentajes solo reparten los aceites. La sosa sale del índice de saponificación de cada aceite, y eso lo hace la calculadora. Si una receta dice «sosa: 14%», desconfía y recalcúlala tú.

La IA te ordena las ideas; la calculadora te da los gramos

Te lo digo por experiencia: un chat de inteligencia artificial es útil para formular. Le pegas tu fórmula, le cuentas que el jabón te reseca, y te explica que el coco al 20% arrastra demasiada grasa natural de la piel y que conviene bajarlo al 12% o 15%, o subir el sobreengrasado dos puntos. Es razonable y te ahorra horas de manuales.

Pero la IA no es formuladora. No ve tu báscula y puede equivocarse en un número con total seguridad en la voz. La regla es una sola: los gramos de sosa se confirman SIEMPRE en una calculadora de saponificación. La IA propone porcentajes; tú los metes en la calculadora; la calculadora te da la sosa y el agua. Nunca se fabrica, se regala ni se vende un jabón con la sosa que dictó un chat.

Una fórmula equilibrada para tu primera tanda

Con esta no vas a tener sustos. Sobreengrasado del 6%. Cada aceite está ahí por una razón:

Aceite % Por qué está en la fórmula
Oliva 60% La base suave. Cuida la piel y da una pastilla que dura.
Coco 15% Limpieza y espuma abundante. Al 15% no reseca; al 25% sí.
Manteca de karité 15% Dureza y una sensación cremosa. Las mantecas endurecen sin resecar.
Aguacate 5% Aporte hidratante para piel seca.
Ricino 5% Espuma más estable y burbujas grandes. Más del 5% pone el jabón pegajoso.

Suma 100%. La metes en la calculadora con el peso que quieras y ella te da la sosa y el agua. Si tu piel es muy seca, prueba un 8% de sobreengrasado en la segunda tanda. Nunca cambies dos cosas a la vez.

La medida exacta

Cada fórmula nueva la hago primero con 300 g de aceites, nunca con un kilo. Si sale mal, pierdo 300 gramos y no 1000. Cuando la pastilla curada me convence, escalo a 1000 g con la misma fórmula en porcentajes.

Sin libreta no hay negocio, hay suerte

Cada tanda va a la libreta con cinco cosas: fórmula en porcentajes, sobreengrasado, fecha, peso total y qué salió. «Espuma floja», «se cortó en la traza», «pastilla perfecta a las 5 semanas». Sin ese registro, cuando un cliente te pida «el mismo jabón de la última vez», no vas a poder repetirlo. Un jabón que no se puede repetir no es un producto, es un accidente.

Ya tienes la fórmula calculada y apuntada. Ahora falta lo que llevas esperando desde la clase 1: pesar, preparar la lejía, mezclar y ver cómo el aceite se convierte en jabón delante de ti. Eso es tu primera saponificación en frío paso a paso. Y si al día siguiente el jabón parece agresivo, es normal: en la clase de curado y pH verás cómo esas semanas de espera terminan la reacción que hoy has calculado.

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Marisol Vera

Empece a hacer jabones en la cocina de mi casa, en Medellin, con una olla vieja y una gramera de reposteria. Trabajaba en una farmacia y no aguantaba mas. Hoy vivo de esto y llevo ocho anos ensenando a otras personas a hacer lo mismo. Aqui te cuento todo lo que a mi nadie me conto: las medidas exactas, los errores que me costaron tandas enteras y la parte que casi nadie explica, que es como vender lo que haces sin regalarlo. Si algo no te sale, escribeme en los comentarios: a mi tambien se me han separado las capas.

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