Clase 10. Los aceites mandan: qué aporta cada grasa a tu jabón

Empieza aquíMi primer jabón desde cero llevaba 60 % de aceite de coco. Espumaba como un anuncio de champú y me dejó las manos como papel de lija en tres duchas. No fallé en la sosa, ni en la temperatura, ni en el molde. Fallé antes de encender nada: al elegir la grasa.
Hasta aquí comprabas la base hecha. A partir de esta clase, el jabón lo formulas tú, y eso empieza en el aceite. Hay uno que casi todo el mundo pone de más y otro que casi nadie pone y cambia la espuma por completo. Lo ves en la tabla.
El aroma no hace el jabón; la grasa sí
Cuando alguien me enseña su primer jabón me habla del color, del aceite esencial, del molde con forma de corazón. Nunca de los aceites. Y son los aceites los que deciden todo lo que importa: dureza, espuma, suavidad y poder limpiador.
La química es la de siempre: los ácidos grasos del aceite reaccionan con la sosa y se convierten en jabón y glicerina, el proceso que define un jabón artesanal. Pero cada aceite tiene una composición distinta, así que cada uno saponifica dando un jabón distinto. El coco da una cosa, el oliva otra, el sebo otra.
Una fórmula es un equilibrio entre tres patas: limpieza y burbuja, dureza y duración, y suavidad en la piel. Si una pata cojea, el jabón cojea. El mío de 60 % de coco tenía la primera pata gigante y la tercera inexistente.
La tabla que decide tu jabón
Aquí tienes los aceites con los que trabajo. Los porcentajes son los míos tras ocho años; no son ley, son un punto de partida seguro. Anótalo en tu libreta.
| Aceite o grasa | Qué aporta | Cuánto suelo poner |
|---|---|---|
| Coco | Espuma abundante y limpieza fuerte. Pasado de cantidad, reseca. | Entre 20 y 30 %. Nunca más del 30 %. |
| Oliva | Suavidad, jabón noble y muy hidratante. Espuma cremosa y escasa. Tarda más en endurecer. | Entre 40 y 60 %. Hasta 100 % en el jabón de Castilla. |
| Ricino (castor) | Potencia la espuma de los demás y la mantiene. Solo, es pegajoso. | Entre 3 y 5 %. Poco y rinde. |
| Palma / mantecas vegetales (karité, cacao) | Dureza, cuerpo y cremosidad. La pastilla dura más en la ducha. | Entre 20 y 30 %. |
| Sebo o manteca animal | Dureza y jabón duradero. Cremoso, el de toda la vida. | Entre 25 y 40 %. |
| Girasol, canola, aguacate, almendras | Suavidad y acompañan. Baratos y fáciles de encontrar. No aportan dureza. | Entre 10 y 50 %, según el papel del oliva. |
Y ahora te resuelvo lo que te prometí. El que casi todo el mundo pone de más es el coco: como espuma mucho, la gente sube a 40 o 50 % y se queda con un jabón que limpia como detergente de cocina. El que casi nadie pone es el ricino: 20 gramos en un kilo de aceites, y la espuma pobre del oliva se vuelve espuma que se queda en la mano.
La medida exacta
Formular mirando solo la espuma. El coco al 30 % ya da toda la burbuja que necesitas. Si tu jabón te parece que espuma poco, no subas el coco: mete un 5 % de ricino y sube la dureza con manteca.
Jabón de Castilla: 100 % oliva, la apuesta extrema
El jabón de Castilla es el caso límite de la tabla: un solo aceite, oliva, al 100 %. Se fabricaba a gran escala en la Corona de Castilla desde hace siglos, y sigue siendo el que recomiendo para piel delicada, bebés y pieles que reaccionan a todo.
Lo que ganas: suavidad total. Los ácidos grasos insaturados del oliva dan una emoliencia que ningún otro jabón iguala, y toda la glicerina de la reacción se queda en la pastilla. Esa sensación resbalosa que algunos llaman «babosa» es precisamente lo que hidrata.
Lo que pierdes: espuma. Sale cremosa, con burbuja pequeña, y hay que frotar más. Y tiempo. Con una fórmula normal de agua, un Castilla necesita mínimo 4 semanas de curado, y mejora si lo dejas 8. Yo tuve uno seis meses en la estantería y era otro jabón.
Desmontamos un mito: no queda blando. El oliva tiene ceras y ácido palmítico suficientes para dar una pastilla dura; lo que ocurre es que tarda más en ponerse dura, no que no se ponga. Y si el oliva virgen te sale caro, el aceite de orujo, o mezcla 50/50 con virgen, hace un jabón casi igual por la mitad. Prueba con 300 gramos antes de gastarte un litro.
El sebo: el jabón de tu abuela vuelve
Antes del aceite de coco, el jabón de casa se hacía con lo que había: sebo de vaca o manteca de cerdo. Hoy le dicen «tallow» y está de moda en cosmética natural, pero es la grasa con la que se hacía jabón hace más de 100 años.
Aporta dureza, larga duración y una cremosidad que el coco no da. Una pastilla con 25 % de sebo aguanta el doble en el plato de la ducha que una de solo aceites blandos.
Precauciones, que las hay. Primera: el sebo casero huele a carnicería. El comprado viene desodorizado; el que derrites tú de la grasa que te regala el carnicero necesita fragancia sí o sí, un 2 % del peso de los aceites, o tendrás jabón con olor a asado. Segunda: si lo procesas tú, cuélalo dos veces y guárdalo en nevera; un resto de carne en el jabón se pudre. Tercera: no es vegano. Si vendes, va en la etiqueta.
Cambiar un aceite es cambiar la sosa
Esto no me lo contó nadie y me costó una tanda cáustica. Cada aceite tiene su propio índice de saponificación: los gramos de sosa que hacen falta para convertir 1 gramo de esa grasa en jabón. Y son distintos. El oliva necesita 0,135, la canola 0,123, el sebo 0,143 y el coco 0,183. Casi un 50 % más de sosa para el coco que para la canola.
Los macerados: el mismo aceite con otro nombre
Un macerado es aceite con planta seca dentro durante semanas: oliva con romero, oliva con caléndula, girasol con manzanilla. Yo tengo siempre un frasco de 500 ml de oliva con 40 gramos de caléndula seca, seis semanas al sol, colado.
A efectos de cálculo, sigue siendo aceite de oliva: mismo índice, misma sosa. La planta no saponifica. Lo que cambia es lo que trae dentro: color, algo de aroma y lo que la planta suelta en la grasa. Un Castilla con oliva macerado en caléndula es mi favorito para piel irritada. Acompaña; no cura nada.
Tu fórmula de partida
Para tu primera tanda desde cero no inventes. Te dejo la fórmula que doy en clase, con las tres patas cubiertas y sin nada raro:
- 50 % aceite suave. Canola o girasol, 500 g por kilo de aceites. Suave y barato por si la tanda sale mal. A la tercera tanda buena, cámbialo por oliva.
- 25 % coco. 250 g. Toda la espuma y la limpieza que necesitas, sin llegar al 30 % donde empieza a resecar.
- 25 % sebo o manteca de cerdo. 250 g. Dureza y duración. Si no quieres grasa animal, va palma o manteca de karité en la misma proporción, pero recalculando la sosa.
Con esa proporción sale un jabón que endurece en 12 a 24 horas, se corta como un queso al día siguiente y tiene las tres patas equilibradas. Y perdona cualquier temperatura entre 27 y 35 grados, que es otra razón de por qué elegimos el método en frío para esta tanda.
Ya sabes qué aceites quieres y por qué. Lo que no sabes todavía es cuánta sosa les corresponde, y sin eso no se enciende nada. En la clase siguiente multiplicas tres números, restas un 5 % de sobreengrasado y tienes tu fórmula. Después viene la saponificación en frío paso a paso, y luego las semanas de curado y el pH final. Pero antes, los números. Trae calculadora.

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