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Clase 2. Los tres caminos para hacer jabón: cuál es el tuyo

Haz tu primer jabón hoy mismoJabón desde cero, sin comprar baseCuánto cobrar sin regalar tu trabajo

Mi primer jabón «de verdad» tardó cinco semanas en poder usarse. El primero de glicerina, veinte minutos. Los dos limpiaban exactamente igual. Y yo perdí casi un año creyendo que uno era jabón y el otro una manualidad.

Hay tres formas de hacer jabón en casa. No son tres niveles de un videojuego, son tres caminos distintos que llegan al mismo sitio: una pastilla que limpia. Lo que cambia es el tiempo, el riesgo, el dinero que pones al principio y cuánto mandas tú sobre lo que sale del molde.

Además hay un mito que se repite en todas las ferias y que casi todo el mundo se cree. Te lo desmonto en un momento, cuando lleguemos a la sosa.

Índice

Camino 1: la base de glicerina, o hacer jabón sin tocar la sosa

Aquí no formulas nada. Compras un bloque de base ya saponificada, hecho con aceites vegetales, glicerina, alcoholes y azúcares. En inglés lo llaman melt and pour, que es literalmente lo que haces: derretir y verter.

El proceso completo cabe en una frase. Cortas la base en dados pequeños y parejos, la fundes al baño maría o en el microondas a golpes de 10 segundos, añades tus activos, viertes en el molde, rocías alcohol para reventar las burbujas y esperas. En 15 a 20 minutos está sólido. Sin guantes de goma, sin gafas, sin vapores.

Los activos tienen tope. La regla clásica dice que no pasas del 10 % del peso de la base: con 100 gramos de base, 10 gramos de aditivos como máximo, entre sólidos y líquidos. Yo trabajo bastante por debajo, entre el 3 y el 6 %, porque cada gramo que metes le roba dureza y espuma a un jabón que ya venía hecho. En la clase de la regla del 10 % afinamos esto base por base.

La medida exacta

Sobrecalentar la base. Si la fundes de una tirada de 60 segundos en vez de a golpes de 10, pierde agua y sale un jabón chicloso que después «suda» gotitas en la superficie. Tiré dos kilos de base aprendiendo esto. La base bien fundida no suda; la base hervida, siempre.

Con este método salen jabones de zanahoria, de carbón, de caléndula, en capas, con figuras dentro. Hay base transparente, blanca, cristal y de suspensión, y cada tipo de base tiene su acabado. Por aquí empieza casi todo el mundo, y con razón: en una tarde tienes producto que puedes regalar o vender. De hecho, tu primer jabón de este curso va a ser la receta de glicerina con zanahoria y manzanilla.

Camino 2: saponificación en frío, donde la fábrica eres tú

Aquí no compras jabón, lo fabricas. Tres ingredientes obligatorios: aceites o grasas vegetales, sosa cáustica (hidróxido de sodio) y agua destilada para disolver la sosa. La sosa reacciona con los ácidos grasos del aceite y el resultado es jabón más glicerina. Esa reacción se llama saponificación.

Y ahora el mito. «Mi jabón no lleva sosa.» Lo oirás de gente que trabaja con base de glicerina y te lo dirá con orgullo. Es falso. Esa base también se hizo con sosa; solo que la saponificación la hizo el proveedor antes de vendértela. Todo jabón, todo, nace de grasa más álcali. Lo que no hay en un jabón bien hecho es sosa libre, porque se transformó entera durante la reacción. Anótalo en tu libreta, porque te va a tocar explicarlo en cada mercadillo.

«En frío» no significa que la mezcla esté fría. Significa que no pones calor externo: la reacción se alimenta del calor que ella misma genera. El procedimiento es pesar todo en báscula, preparar la lejía echando la sosa al agua, igualar la temperatura de lejía y aceites, batir hasta que la mezcla espese como un puré de papas (eso es la traza), añadir color y aroma, verter, tapar y esperar. Desmoldas a las 24-48 horas y luego el jabón cura 4 semanas como mínimo hasta que el pH baja a un valor seguro para la piel.

Esto no se negocia

La sosa se echa al agua, nunca el agua a la sosa. Y siempre con guantes, gafas, manga larga y mascarilla, en un sitio ventilado, porque al disolverse suelta vapores que no quieres respirar. No es una leyenda de abuela: es una quemadura química. Cómo manejarla sin miedo y sin accidentes es toda una clase sobre la seguridad con la sosa, y la lees antes de comprar el primer kilo.

A cambio de esa paciencia y ese respeto tienes control total. Eliges cada aceite por lo que aporta: el coco da espuma y limpieza pero reseca si te pasas, el oliva da suavidad, el ricino sube la espuma. Cada aceite necesita una cantidad exacta de sosa para convertirse en jabón, su índice de saponificación, y se calcula, no se adivina. Cambiar un aceite «a ojo» aquí no es un error de acabado: es sosa sin reaccionar en la pastilla. En la primera tanda en frío paso a paso lo haces conmigo gramo a gramo.

Camino 3: en caliente, el mismo jabón con prisa

Los mismos ingredientes, la misma química, la misma fórmula. La diferencia es que la mezcla se cuece. Bates hasta la traza y luego la dejas en una olla de cocción lenta en modo bajo, o al baño maría a temperatura constante, entre 1 y 2 horas.

Mientras cuece pasa por fases que se ven a simple vista: puré de manzana, luego una fase de gel, y al final una masa translúcida y densa. Esa masa translúcida es la señal de que la saponificación terminó. Puedes medir el pH ahí mismo. Después añades aroma y aditivos, viertes, desmoldas a las 24-48 horas y en uno a tres días ya se puede usar. Lo que en frío eran semanas, aquí son días.

El truco que me ahorró tandas

En caliente, los aceites delicados y el sobreengrasado no van en la olla desde el principio. Los añades al final, con la masa ya translúcida. Así el aceite bueno no se cocina dos horas y conserva lo que pagaste por él. Esto no me lo contó nadie: lo aprendí quemando un aceite de aguacate que me había costado el doble que la sosa.

El precio de la velocidad es la textura. El jabón en caliente sale más rústico, más denso, con la superficie irregular; el de frío es liso y uniforme. El aroma también aguanta peor el calor, así que se añade lo más tarde posible. Y ojo con la olla: calor de más y la masa desborda y se quema. En la clase de saponificación en caliente verás las fases una a una para no confundir el gel con el jabón acabado.

La tabla que te ahorra meses de dudas

Criterio Glicerina En frío En caliente
Hasta poder usarlo 15-20 minutos 24-48 h de molde + 4 semanas de curado 1-2 h de cocción + 1 a 3 días
Riesgo Quemarte con base caliente; nada más Sosa: guantes, gafas, mascarilla obligatorios Sosa + olla caliente 2 horas
Inversión inicial Base, báscula, molde, alcohol en spray Aceites, sosa, agua destilada, batidora, termómetro, equipo de protección Lo del frío más una olla lenta o baño maría
Control sobre la fórmula Bajo: solo el 10 % de aditivos Total: eliges cada aceite y su proporción Total, y el sobreengrasado se ajusta al final
Textura Brillante, lisa, transparente u opaca Lisa y uniforme Rústica, densa, algo quebradiza
Para quién es Quien empieza o quiere vender este mes Quien quiere formular de verdad y tiene paciencia Quien ya formula y necesita jabón rápido

Fíjate en una cosa que la tabla no dice sola: los tres caminos venden. Un jabón de glicerina bien acabado no es «menos jabón» que uno de frío. Es un producto cosmético igual, con la misma normativa encima, y el cliente no te va a preguntar por el índice de saponificación. Te va a preguntar si huele bien.

Mi recomendación, y no te vendo nada

Empieza por glicerina. No porque sea «para principiantes», sino porque te enseña lo que ningún otro método te enseña rápido: acabados, capas, color, aroma, desmoldado, empaque. Con 100 gramos de base haces una prueba, con un kilo haces una tanda que vendes el sábado. Aprendes a vender antes de aprender a formular, y eso, te lo digo por experiencia, es el orden correcto.

Pasa al frío cuando te pique la curiosidad por lo que hay dentro de la pastilla. Cuando quieras decidir tú que el jabón lleve 70 % de oliva o que espume más o que no reseque. Ese día estarás lista para pesar sosa con las gafas puestas y esperar cuatro semanas sin tocar el jabón.

El caliente déjalo para después. Es el frío con una olla en medio y no tiene sentido cocer una fórmula que todavía no sabes escribir.

Y antes de comprar nada, ni base ni sosa, hay una clase que te va a ahorrar plata: la del kit mínimo. Porque en esta afición se compran seis cosas que no sirven para nada, y yo me compré las seis.

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Marisol Vera

Empece a hacer jabones en la cocina de mi casa, en Medellin, con una olla vieja y una gramera de reposteria. Trabajaba en una farmacia y no aguantaba mas. Hoy vivo de esto y llevo ocho anos ensenando a otras personas a hacer lo mismo. Aqui te cuento todo lo que a mi nadie me conto: las medidas exactas, los errores que me costaron tandas enteras y la parte que casi nadie explica, que es como vender lo que haces sin regalarlo. Si algo no te sale, escribeme en los comentarios: a mi tambien se me han separado las capas.

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