Clase 7. La regla del 10%: cuánto aditivo aguanta tu jabón

Empieza aquíTiré dos kilos de base de glicerina aprendiendo esto. Dos kilos. Y el error no estaba en la base, ni en el microondas, ni en el molde: estaba en una cucharada de más.
Cuando empiezas con glicerina te entra la emoción de meterle de todo: aceite de aguacate, arcilla, avena, miel. El jabón queda precioso en la olla y a los dos días es un bloque blando que suda y se dobla como plastilina. Esa es la factura por no conocer la regla de hoy.
Y hay un detalle que casi nadie te explica: el techo general no es el único límite. Hay ingredientes que se pasan mucho antes de llegar a él. Te lo cuento en un momento.
Diez gramos por cada cien, y ni uno más
La regla es corta: la suma de todos los activos no puede superar el 10 % del peso de la base. Todos. Los sólidos (polvos, arcillas, exfoliantes) y los líquidos (aceites vegetales, gel de sábila, macerados, extractos). Se suman juntos, no por separado.
Si pesas 100 g de base, tu techo son 10 g de activos. Si pesas 250 g, son 25 g. Si pesas 50 g, son 5 g. Es el mismo cálculo escale como escale la tanda.
¿Por qué ese número? Porque la base ya viene formulada con su equilibrio de dureza, humedad y espuma. Ese equilibrio depende de qué tipo de base de glicerina elijas, y cada gramo que le añades lo altera. Hasta el 10 % la base aguanta sin protestar. A partir de ahí, se rompe.
Una cosa que me costó entender: no tienes que llegar al 10 %. No es un objetivo, es un límite. Casi todos mis jabones se quedan entre el 4 % y el 8 %, y no les falta nada.
El cálculo con dos jabones de verdad
Vamos con números reales, que es como se aprende esto. Primero, un jabón de zanahoria, el mismo que vas a hacer en la receta de zanahoria y manzanilla paso a paso:
| Ingrediente | Peso | ¿Cuenta como activo? |
|---|---|---|
| Base de glicerina blanca | 100 g | No, es la base |
| Aceite de zanahoria | 3 g | Sí (líquido) |
| Zanahoria en polvo | 3 g | Sí (sólido) |
| Aceite esencial de manzanilla | 5 gotas | Aparte (aroma) |
| Total de activos | 6 g = 6 % | Dentro de rango |
3 g de aceite más 3 g de polvo son 6 g. Sobre 100 g de base, un 6 %. Te quedan 4 g de margen que no necesitas usar.
Ahora el caso que confunde a todo el mundo: un jabón en capas de 50 g de base blanca abajo y 50 g de transparente arriba. La trampa es calcular el 10 % sobre los 100 g y meterle 10 g de activos a una sola capa. No. Cada capa es un jabón pequeño con su propio límite.
- Capa de abajo: 50 g de base. Su techo es el 10 % de 50, es decir, 5 g. Le pones 2 g de arcilla verde y 2 g de aceite de aguacate: 4 g. Dentro.
- Capa de arriba: 50 g de base. Mismo techo, 5 g. Le pones 2 g de espirulina y 2 g de aceite: otros 4 g. Dentro.
- El jabón entero. 4 g + 4 g = 8 g sobre 100 g, un 8 %. Por debajo del techo, y además cada capa por separado también cumple. Así es como se hace un jabón en capas que no se separe.
Los límites que van por debajo del 10 %
Aquí está lo que te anuncié arriba. El 10 % es el techo de la casa, pero dentro de la casa hay habitaciones más bajas. Hay aditivos que estropean el jabón mucho antes de llegar al techo.
Aceites vegetales: máximo 5 g por cada 100 g de base. Aguacate, almendras dulces, zanahoria, oliva, el que sea. Más aceite no da un jabón más nutritivo, da un jabón que no hace espuma. El aceite se queda ahí, sin saponificar, y ahoga la espuma de la base. A mí esto no me lo contó nadie; lo descubrí con un jabón de almendras al 9 % que parecía una pastilla de mantequilla.
Arcillas: entre 2 y 3 g por cada 100 g. Verde, roja, blanca, la que uses. Las arcillas absorben grasa, y en la piel eso significa que si te pasas el jabón reseca e irrita. Un jabón de arcilla al 8 % no limpia mejor: deja la cara tirante y roja.
Exfoliantes en polvo (café, avena, arroz): aquí la regla no es tanto el gramo como el grano. Café de grano molido fino, nunca soluble. Avena molida. Harina de arroz. Si el grano es grueso, el jabón raspa y el exfoliante se hunde al fondo del molde. Lo grueso es para cuerpo, no para cara.
La medida exacta
Sumar bien el total y olvidarse de los límites de cada cosa. Un jabón con 6 g de aceite y 4 g de arcilla da 10 g, un 10 % perfecto sobre el papel. Y sin embargo lleva demasiado aceite (más de 5 g) y demasiada arcilla (más de 3 g). Sale sin espuma y reseca. Las dos reglas se cumplen a la vez o no vale.
Qué le pasa al jabón cuando te pasas
La base pierde lo que traía de fábrica, por este orden:
Pierde dureza. Sale del molde y se deforma con el dedo. En la ducha se deshace en una semana.
Pierde estabilidad. Queda chicloso, como goma; lo cortas y se pega al cuchillo. Si además fundiste la base pasada de temperatura, el efecto se multiplica.
Baja la espuma. Sobre todo con exceso de aceite. Frotas y sale una baba fina.
Suda. Gotitas en la superficie a las pocas horas: la base pierde su equilibrio de humedad y chupa agua del ambiente.
Nada de esto se arregla después. No hay forma de sacar el aceite de un jabón ya hecho. Por eso conviene probar siempre con 100 g antes que con un kilo.
De porcentaje a gramos sin calculadora científica
Todo lo anterior se apoya en una sola operación: la regla de tres. Tu base es el 100 %. Quieres saber cuántos gramos son un porcentaje concreto. Pues multiplicas el peso de la base por el porcentaje y divides entre 100. Nada más.
Ejemplo hecho paso a paso. Tienes 250 g de base y quieres añadir arcilla al 2 %:
- Multiplica el peso por el porcentaje. 250 × 2 = 500.
- Divide entre 100. 500 ÷ 100 = 5 g de arcilla.
- Comprueba el techo total. El 10 % de 250 g es 250 × 10 ÷ 100 = 25 g. Tus 5 g de arcilla caben de sobra. Y el límite de aceite en esa tanda sería 250 × 5 ÷ 100 = 12,5 g.
La misma cuenta sirve para escalar: si una fórmula te funciona al 6 % en 100 g, funciona al 6 % en 500 g. Y cuando pases al jabón desde cero, el cálculo de sosa sigue la misma lógica.
La libreta vale más que la báscula
Anótalo en tu libreta: base, gramos de cada activo, porcentaje total, gotas de aceite esencial y fecha. Cada jabón, siempre. Te lo digo por experiencia: mi mejor jabón de café de los primeros años no lo he vuelto a repetir, porque lo hice a ojo. Sé que llevaba café y almendras. No sé cuánto de cada cosa.
Un jabón que sale bien y no está apuntado es un jabón perdido. Uno que sale mal y está apuntado es una lección: ves dónde te pasaste y a la siguiente lo corriges.
Y una advertencia sobre lo que apuntas. Los aditivos vegetales van deshidratados y en polvo. Nunca frescos. Ni pétalos recién cortados, ni ralladura del día, ni hojas enteras. Lo fresco lleva agua, y el agua en un jabón de glicerina es moho en dos semanas. El polvo, además, se reparte por todo el jabón y no raspa. Una flor entera se ve bonita en el molde y en la ducha es un estropajo.
Con esta regla dominada tienes la mayor parte de lo que hace falta para que tu primer jabón salga bien a la primera. Lo que te queda por decidir es color y olor, y ahí los aceites esenciales y los aromas tienen sus propias dosis, en gotas y no en gramos. Pero antes toca ponerlo en práctica: en la siguiente clase pesamos 100 g de base, 3 g de aceite y 3 g de zanahoria, y sale tu primer jabón.

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