Clase 5. La base de glicerina: transparente, blanca, cristal y suspensión
Tiré dos kilos de base de glicerina en mi primer año. No por torpe: por comprar la más barata que encontré. Salían jabones que se doblaban como chicle, otros que se quedaban aguados y unos cuantos que amanecían cubiertos de gotitas, como si hubieran corrido una maratón.
Ese último problema, el jabón que suda, tiene una trampa que casi nadie te explica: no siempre es culpa de la base. Te lo cuento más abajo, porque primero necesitas entender qué estás comprando cuando compras «glicerina».
- Una base de glicerina es jabón que ya hizo otro por ti
- Transparente o blanca: el mismo carbón, dos jabones distintos
- Cristal y suspensión: las dos que no necesitas todavía
- La dureza decide todo, y nadie te la pregunta al vender
- Si tu jabón suda, no corras a culpar a la base
- ¿Y hacerla en casa? Se puede, pero no te conviene
- Con dos bases haces casi todo
Una base de glicerina es jabón que ya hizo otro por ti
Todo jabón nace igual: una grasa reacciona con sosa cáustica y se convierte en jabón. Eso se llama saponificación, y no hay jabón en el mundo que se la salte. Ni el del súper, ni el mío, ni el que vas a hacer tú.
La base de glicerina es un jabón que ya pasó por esa reacción en una fábrica. Tú lo compras en bloque, lo fundes, le añades lo que quieras y lo viertes en el molde. Te ahorras el proceso, pero el proceso existió. Por eso, cuando alguien te diga «mi jabón no lleva sosa», ya sabes que le falta información. Sí la llevó; lo que pasa es que en el jabón terminado ya no queda sosa libre, se transformó entera.
Esto es lo que hace de la base el mejor punto de partida: fundir, mezclar y moldear es un proceso que puedes hacer hoy mismo en tu cocina, y por eso arrancamos con los tres métodos y no por la sosa. Pero atención: no todas las bases son iguales, y la diferencia se nota en el primer jabón.
Transparente o blanca: el mismo carbón, dos jabones distintos
Las dos bases que vas a usar el 95% del tiempo son la transparente y la blanca (también la verás como «opaca»). Se venden en bote o en barra, funcionan exactamente igual y aguantan los mismos activos. La única diferencia está en el acabado.
Te lo explico con carbón activado, que es el ejemplo que mejor se entiende. Si haces un jabón de carbón con base transparente, te sale negro de verdad, negro azabache. Si haces ese mismo jabón, con la misma cantidad de carbón, sobre base blanca, te sale gris. Las propiedades son idénticas. Lo que cambia es la cara.
Con la transparente ves lo que hay dentro: unos pétalos de caléndula, una flor de manzanilla, una figura encapsulada. Con la blanca, todo queda escondido en un bloque cremoso que parece jabón «de toda la vida». Ninguna es mejor. Elige según lo que quieras que se vea.
| Base | Acabado | Para qué la uso |
|---|---|---|
| Transparente | Deja ver el interior; los colores salen intensos | Carbón negro, pétalos a la vista, incrustaciones |
| Blanca u opaca | Cremoso, sólido; los colores salen pastel | Avena, arcillas, zanahoria, jabón de baño diario |
| Cristal | Mucho más transparente que la transparente | Encapsulados de figuras, jabón artístico |
| Suspensión | Igual que blanca o transparente, pero más densa | Exfoliantes gruesos que se hunden |
Cristal y suspensión: las dos que no necesitas todavía
La base cristal es la transparente llevada al extremo. Parece vidrio. Se usa para meter una figurita dentro del jabón y que se vea perfecta desde cualquier lado, o para jabones de evento que la gente compra por bonitos. Para un jabón facial o corporal no aporta nada que la transparente normal no te dé, y cuesta más.
La base de suspensión resuelve otro problema. Cuando fundes la base y le echas un exfoliante pesado, como café molido grueso o semillas, ese exfoliante se va al fondo del molde mientras el jabón enfría. Terminas con una pastilla que tiene todo el café en una cara y nada en la otra. La suspensión es más densa y mantiene el aditivo repartido por todo el bloque.
Ahora bien: si mueles tus exfoliantes bien fino, como te voy a pedir siempre, con la base normal te sobra. La cantidad que le metas es otra historia, porque hay un tope, la regla del 10% de activos, que no se puede pasar sin que el jabón pierda espuma y dureza, y eso aplica a cualquier base.
La dureza decide todo, y nadie te la pregunta al vender
Aquí es donde casi todo el mundo la caga: compara bases por precio. Y lo que hay que comparar es la dureza.
Una base dura aguanta que la fundas, que le metas un aceite, un polvo de planta y un aceite esencial, y sigue dando un jabón firme, con espuma y que no cambia de forma en la ducha. Una base blanda, con esos mismos activos, se convierte en jabón chicloso, en jabón aguado o en jabón que suda. Los tres que tiré en mi primer año eran de la misma bolsa barata.
La medida exacta
Antes de comprar un kilo a un proveedor nuevo, pídele 100 gramos o cómprale el bloque más pequeño que tenga. Fúndelo, ponle 3 gramos de aceite vegetal y 3 gramos de un polvo cualquiera, y déjalo endurecer de 15 a 20 minutos. Si a las 24 horas sigue firme, seco y sin marcarse con la uña, ese proveedor vale. Si no, te acabas de ahorrar 900 gramos de basura.
Y sí, pregúntale al proveedor por la dureza antes que por el precio. El que sabe de lo que vende te responde sin pensarlo. El que solo revende se queda mudo, y eso también es una respuesta.
Si tu jabón suda, no corras a culpar a la base
Te lo prometí arriba. El jabón que suda son esas gotitas que aparecen en la superficie horas después de desmoldar. La glicerina atrae la humedad del ambiente, y cuando la base ha perdido la suya, la busca fuera.
Una base bien formulada no tiene por qué sudar. Pero cuando la recalientas al fundirla, se deshidrata. Pierde agua, pierde propiedades, y ese jabón sale al mundo con sed. Lo que ves en la superficie es la base intentando recuperar lo que tú le quitaste con el microondas.
Así que, antes de cambiar de proveedor, revisa tu manejo. Cómo cortarla, cuánto calor aguanta y cómo saber que ya está lista es toda una clase sobre cómo fundir la base, porque ahí se arruina más base que en cualquier otro paso. Y si ya tienes un lote sudando en la estantería, no lo tires: tiene arreglo en los 12 errores clásicos.
¿Y hacerla en casa? Se puede, pero no te conviene
Circulan recetas de «base de glicerina casera»: rallas 300 gramos de jabón neutro sin aroma, lo disuelves a fuego mínimo en 300 mililitros de agua con 300 gramos de azúcar blanca, apagas el fuego, añades 150 mililitros de alcohol de 70 grados y lo dejas cuajar unas 4 horas. Sale un bloque duro y medio translúcido, y las cifras funcionan, lo he probado.
Pero seamos honestos: eso no es una base de glicerina, es jabón con azúcar. No sabes qué dureza tendrá con tus activos, no sabes cómo se comporta con aceites, y cada tanda te sale distinta. Para alguien que empieza no tiene ventaja real: te ahorras unos pesos y te compras un problema que no vas a saber diagnosticar. Cuando lleves un año haciendo jabón, si te pica la curiosidad, pruébalo. Antes, no.
Con dos bases haces casi todo
Anótalo en tu libreta: para jabón corporal y facial, transparente y blanca cubren el 95% de lo que vas a querer hacer. Cristal y suspensión son herramientas para problemas concretos que todavía no tienes. Incluso los jabones en capas de dos colores salen con las dos básicas combinadas.
Ya sabes qué comprar y por qué. Ahora falta lo que decide si esa base llega viva al molde o se convierte en un chicle deshidratado: cómo fundirla sin pasarte de calor. En la clase siguiente te doy los tiempos exactos por cantidad, y te enseño la señal que te dice que ya está, antes de que sea tarde.

Deja una respuesta